BENDAYAN Y “EL CENTINELA”
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l personaje siniestro que describo, a mi entender, vivía una
fantasía y un espejismo de ver y sentir espíritus del más allá. El sujeto era
hijo de padre judío y de madre tribal de la región. Alto de estatura, trigueño,
de frente y mirada limpias. Cuando caminaba, sus pasos los daba largos y
firmes. Era hombre de éxito en la vida, pero frustrado en problemas del hogar.
Trabajaba como correntista y de vez en cuando editaba un periódico cuyo nombre
patentó como “El Centinela”.
¡Increíble! Pero cierto, era Benefactor
con bienes ajenos, tenía fibra de recitador y con suma facilidad se adentraba
al alto mundo loretano. Me refiero a Moisés Bendayan, quien además poseía
cualidades excepcionales para concertar avisaje de apoyo para su periódico,
pero tedioso para escribir y dueño de una caligrafía llena de aberraciones
ortográficas. La totalidad de artículos que insertaba en su periódico de
circulación eventual, eran recopilaciones y escritos solicitados a sus amigos.
Ni siquiera el editorial lo escribía. Se aferraba en decir que era periodista y
hasta tenía carnet de afiliado.
Fatalmente, uno de tantos días calurosos
de la selva, hizo su arribo a Iquitos cierto émulo de periodista y se sintió
ofendido por la mediocridad de Bendayan. Esto lo manifestó en un programa
radial incluyendo a la totalidad de hombres de prensa loretanos.
¿Cuál fue su reacción? Bendayan se sintió
herido en su amor propio, tal vez porque parte de su conciencia lo acusaba; en
cambio la mayoría de periodistas recibieron con sano humor esa dúctil arenga.
Lamentablemente, el redactor visitante de
formación alimeñada se encontraba en el bar “La Favorita ”, junto al ex
diario “La Razón ”,
donde fue visto por Bendayan, quien toda premura le asestó media docena de
cinturonzazos en la sentadera mientras le “aconsejaba” no ocuparse nunca de su
persona. Era medio día y, a muchas personas les causó gracia el espectáculo.
Bendayan era hombre físicamente recio y muy conciente de la impetuosidad de sus
golpes. A parte de todo ello, lo peculiar en Moisés Bendayan era el hecho de
ser compadre de uno de los más reputados brujos del lugar, y que en las noches
de luna llena se sumergía en una cocha por la tarde para reflotar al día
siguiente, después de mantenerse en comunión con los espíritus del agua, según
decía. Yo llegué a constatar este hecho, a invitación de Bendayan. Hasta ahora
me parece una completa mentira.
Indudablemente, “para ser un buen
periodista, escritor, orador, pintor, etc. Se requiere de 5% de inspiración y
95% de traspiración”.
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