domingo, 29 de julio de 2018

BENDAYAN Y “EL CENTINELA”


BENDAYAN Y “EL CENTINELA”


E
l personaje siniestro que describo, a mi entender, vivía una fantasía y un espejismo de ver y sentir espíritus del más allá. El sujeto era hijo de padre judío y de madre tribal de la región. Alto de estatura, trigueño, de frente y mirada limpias. Cuando caminaba, sus pasos los daba largos y firmes. Era hombre de éxito en la vida, pero frustrado en problemas del hogar. Trabajaba como correntista y de vez en cuando editaba un periódico cuyo nombre patentó como “El Centinela”.

¡Increíble! Pero cierto, era Benefactor con bienes ajenos, tenía fibra de recitador y con suma facilidad se adentraba al alto mundo loretano. Me refiero a Moisés Bendayan, quien además poseía cualidades excepcionales para concertar avisaje de apoyo para su periódico, pero tedioso para escribir y dueño de una caligrafía llena de aberraciones ortográficas. La totalidad de artículos que insertaba en su periódico de circulación eventual, eran recopilaciones y escritos solicitados a sus amigos. Ni siquiera el editorial lo escribía. Se aferraba en decir que era periodista y hasta tenía carnet de afiliado.

Fatalmente, uno de tantos días calurosos de la selva, hizo su arribo a Iquitos cierto émulo de periodista y se sintió ofendido por la mediocridad de Bendayan. Esto lo manifestó en un programa radial incluyendo a la totalidad de hombres de prensa loretanos.

¿Cuál fue su reacción? Bendayan se sintió herido en su amor propio, tal vez porque parte de su conciencia lo acusaba; en cambio la mayoría de periodistas recibieron con sano humor esa dúctil arenga.

Lamentablemente, el redactor visitante de formación alimeñada se encontraba en el bar “La Favorita”, junto al ex diario “La Razón”, donde fue visto por Bendayan, quien toda premura le asestó media docena de cinturonzazos en la sentadera mientras le “aconsejaba” no ocuparse nunca de su persona. Era medio día y, a muchas personas les causó gracia el espectáculo. Bendayan era hombre físicamente recio y muy conciente de la impetuosidad de sus golpes. A parte de todo ello, lo peculiar en Moisés Bendayan era el hecho de ser compadre de uno de los más reputados brujos del lugar, y que en las noches de luna llena se sumergía en una cocha por la tarde para reflotar al día siguiente, después de mantenerse en comunión con los espíritus del agua, según decía. Yo llegué a constatar este hecho, a invitación de Bendayan. Hasta ahora me parece una completa mentira.

Indudablemente, “para ser un buen periodista, escritor, orador, pintor, etc. Se requiere de 5% de inspiración y 95% de traspiración”.

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