UN
EJEMPLO INOLVIDABLE
N
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ací en la hacienda Cartavio, por entonces propiedad de la W.R. Grace y Cía., el
07 de febrero del año 1922 y mi partida de nacimiento se registró en la
municipalidad de Santiago de Cao, distrito cercano a Trujillo, departamento de La Libertad.
Por lo tanto, muy poco tengo que decir
del hogar que me crié. A la muerte de mi madre, mis tíos Sifuentes –
Huamanchumo, residentes en Puerto Chicama (Malabrigo) nos acogieron y nos
prodigaron atención; entre tanto mi padre trabajaba como transportista.
Posteriormente, regresamos a la ciudad de Trujillo y nos establecimos en otra
residencia a cargo de una joven madrastra llamada Josefa Martínez Flores. Allí
encontramos mucha simpatía, rigor y cuidado en nuestras traviesas vidas
infantiles.
Por consiguiente, éramos tres hermanos.
Yo ocupaba el segundo lugar. El tercero (Luis) murió en un accidente de trabajo
en Pacasmayo, desde muy joven ocupó un destacado lugar en el fútbol, a su
muerte su club le tributó honores en sus funerales. Vinieron otros hermanos de
parte de padre: Lucio y Manuel, el hogar era de mucha estimación, pero de
muchos ajetreos. Por entonces, mi padre, Roberto Rodríguez Huamanchumo que era
natural de Huanchaco, tenía formada una pequeña empresa de transporte de carga;
a uno de sus camiones le puso por nombre “Los tres hermanos”, en memoria de
nosotros los tres huérfanos de madre.
Por otro lado, la levantada en armas del
pueblo trujillano, en julio de 1932, hizo fuertes estragos en nuestra
tambaleante estabilidad, así como en miles de otros hogares. Los camiones
fueron embargados por ínfimas deudas. Vivíamos en constantes ajetreos e incertidumbre,
de uno a otro lugar en procura de seguridad. El gobierno militar de Luis M.
Sánchez Cerro enviaba legiones de soldados y flotillas de la marina en el afán
ciego de desaparecer la ciudad de Trujillo. Es entonces que, los dirigentes
gremiales y de organizaciones afines eran perseguidos y fusilados en
acatamiento a la Ley
Marcial. Por supuesto que eran los apristas los más odiados
del gobierno. Aquí difiero en mucho de la interpretación que hace “Documental
del Perú” al respecto, en su edición dedicada al departamento de La Libertad. A ellos les dirigí una carta exponiendo
la verdad, basada en mi propia experiencia vivida en plena revolución.
Consecuentemente, hubo decisiva
determinación gubernamental para develar de inmediato la insurrección trujillana
y para ello, movilizó inclusive la escuadrilla de “hidros” mandada por el
Comandante Manuel Cánepa Muñoz e
integrada por los oficiales Carlos Zegarra Lanfranco, Alejandro Valderrama
Tudela, Víctor Montes Arias, José San Martín Froyoinet y Julio Ontaneda
Menacho, quienes sobrevolaron la ciudad y bombardearon el cuartel O’Donovan, El
Molino y la hacienda Laredo. Así también la escuadrilla que decoló de Las
Palmas, comandada por Francisco de Salas Torres, César ÁlvarezGuerra, Manuel Escalante Pérez y Humberto Torres Mattos, cuyas
potentes máquinas remecieron el cielo trujillano. El saldo martiriológico dejó
seis mil muertos que Chan Chan los cobijó.
En consecuencia, en medio de tantos
avatares, nos vimos obligados a salir de la ciudad y trasladarnos a las playas
de Toquén, jurisdicción del distrito de Magdalena de Cao, donde pasamos varias
temporadas ausentes de la tirante imperante. Posteriormente, arribamos a
Chiclayo. De esta manera eludimos la persecución imperante que recaía en mi
padre, quien figuraba en una hoja llamada “Lista Negra”, estructurada por la
tiranía. Bien recuerdo, que el comportamiento de mi padre en medio de los
turbulentos desaciertos del destino, nos contagiaba de buen ánimo para
proseguir la lucha diaria, sin recriminaciones ni titubeos.
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