martes, 17 de julio de 2018

INICIO DRACONIANO


INICIO DRACONIANO


¡O
h, qué grato es recordar de mi niñez! Por ejemplo: recuerdo de la que fue mi primera maestra en la escuelita mixta, Srta. Hilda Baca. Ella era extraordinariamente hermosa y de cuerpo escultural. Tenía gracia para exponer las lecciones y por supuesto se preparaba lo suficiente, mucho    antes de comenzar la enseñanza.

Por desgracia, el administrador de la hacienda “El Nazareno”, adyacente a Magdalena de Cao (Valle Chicama), era un gringo de modales toscos y carente de cultura, apellidaba Anderson y la tomó por una más de sus concubinas.

La maestra en mención me enseñó las primeras letras y me inculcó el apego al estudio.

Sin embargo, fue esa escuelita que, en los primeros días de asistencia, se motivó un azaroso problema. Era que mi primer nombre también lo tenía la niña que precisamente se sentaba a mi lado. Con dificultad y esfuerzo, a partir de entonces, mis padres me llamaron por mi segundo nombre que felizmente me agrada y no se presta a confusiones. El nombre Jesús, solo figura en mi partida de nacimiento.

No obstante, en los años posteriores de estudio seguía, en el mismo lugar, con algo que no se puede olvidar: el afán, la paciencia, la rectitud y el fervoroso deseo de enseñar del Profesor Don Ulises Ciudad. Tuve también otros maestros, vulgares borrachines y consuetudinarios ociosos. Mis estudios posteriores se realizaron informalmente tanto en Trujillo como en Lima.

Por consiguiente, era un placer concurrir a las bibliotecas y escuchar las disertaciones de los más ilustres políticos de entonces, como Víctor Raúl Haya de la Torre, Antenor Orrego, Carlos Manuel Cox, Luis Heysen, Magda Portal, Luciano Castillo, Serafín del Mar, Ciro Alegría, Eudocio Rabines, Héctor Cornejo Chávez, Arturo Sabroso y Luis Alberto Sánchez. Circunstancialmente me inicié en el campo del periodismo. Es decir, llegó el momento de ocupar el lugar que ansiosamente buscaba, sin entender que ello formaba parte de mi entrañable vocación. Este trabajo lo ejerzo con la más grande pasión de mi vida. Pero entiendo no en un periodismo beato, ni bohemio, ni romántico, que cultivan los literatos de academia y políticos de profesión. “El verdadero periodista necesita tinta en la pluma y en las venas”, según Ernesto Hemingway. Fue el letrado periodista Pablo Truel Uribe quien influyó positivamente en mi formación. He trabajado como corresponsal titular del diario “El Comercio”, “La Prensa”, de la Agencia de noticias “The Associated Press” en la zona de la amazonía. He colaborado asiduamente en los diarios provincianos “El Eco” y “El Oriente” de Iquitos, “Rumbos Amazónicos” de Pucallpa y “El Paladín” de Ayacucho.

Entre tanto, me siento apoyado en las palabras del salmista de Israel que dijo: “El principio de la sabiduría es el temor de Dios y el apartarse del mal, la inteligencia”.


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