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h, qué grato es recordar de mi niñez! Por ejemplo: recuerdo de
la que fue mi primera maestra en la escuelita mixta, Srta. Hilda Baca. Ella era
extraordinariamente hermosa y de cuerpo escultural. Tenía gracia para exponer
las lecciones y por supuesto se preparaba lo suficiente, mucho antes de comenzar la enseñanza.
Por desgracia, el administrador de la
hacienda “El Nazareno”, adyacente a Magdalena de Cao (Valle Chicama), era un
gringo de modales toscos y carente de cultura, apellidaba Anderson y la tomó
por una más de sus concubinas.
La maestra en mención me enseñó las
primeras letras y me inculcó el apego al estudio.
Sin embargo, fue esa escuelita que, en
los primeros días de asistencia, se motivó un azaroso problema. Era que mi
primer nombre también lo tenía la niña que precisamente se sentaba a mi lado.
Con dificultad y esfuerzo, a partir de entonces, mis padres me llamaron por mi
segundo nombre que felizmente me agrada y no se presta a confusiones. El nombre
Jesús, solo figura en mi partida de nacimiento.
No obstante, en los años posteriores de
estudio seguía, en el mismo lugar, con algo que no se puede olvidar: el afán,
la paciencia, la rectitud y el fervoroso deseo de enseñar del Profesor Don
Ulises Ciudad. Tuve también otros maestros, vulgares borrachines y
consuetudinarios ociosos. Mis estudios posteriores se realizaron informalmente
tanto en Trujillo como en Lima.
Por consiguiente, era un placer concurrir
a las bibliotecas y escuchar las disertaciones de los más ilustres políticos de
entonces, como Víctor Raúl Haya de la
Torre , Antenor Orrego, Carlos Manuel Cox, Luis Heysen, Magda
Portal, Luciano Castillo, Serafín del Mar, Ciro Alegría, Eudocio Rabines,
Héctor Cornejo Chávez, Arturo Sabroso y Luis Alberto Sánchez.
Circunstancialmente me inicié en el campo del periodismo. Es decir, llegó el
momento de ocupar el lugar que ansiosamente buscaba, sin entender que ello
formaba parte de mi entrañable vocación. Este trabajo lo ejerzo con la más
grande pasión de mi vida. Pero entiendo no en un periodismo beato, ni bohemio,
ni romántico, que cultivan los literatos de academia y políticos de profesión.
“El verdadero periodista necesita tinta en la pluma y en las venas”, según
Ernesto Hemingway. Fue el letrado periodista Pablo Truel Uribe quien influyó
positivamente en mi formación. He trabajado como corresponsal titular del
diario “El Comercio”, “La
Prensa ”, de la
Agencia de noticias “The Associated Press” en la zona de la
amazonía. He colaborado asiduamente en los diarios provincianos “El Eco” y “El
Oriente” de Iquitos, “Rumbos Amazónicos” de Pucallpa y “El Paladín” de
Ayacucho.
Entre tanto, me siento apoyado en las
palabras del salmista de Israel que dijo: “El principio de la sabiduría es
el temor de Dios y el apartarse del mal, la inteligencia”.
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