sábado, 21 de julio de 2018

CLAUSURA DEL DIARIO


CLAUSURA DEL DIARIO

“CHAN-CHAN”


¡U
na breve historia fascinante!. La dictadura clausuró el diario de “Chan-Chan”, en 1940. Es así que, luego de un par de años viviendo en Lima, regresé a Trujillo y conseguí ocupación en el taller de imprenta donde se editaba el diario “Chan-Chan”. Por varios meses todo marchó normalmente, aunque el pago de planillas estaba supeditado a la cobranza del avisaje y a la venta de ejemplares del diario, que era de apenas cuatro páginas y la mayoría de las veces se imprimía en papel “cometa” de variados colores.

Es entonces que, eventualmente aportaba algún dato con el sano propósito de informar lo que observaba en mi trajín diario, y me agradaba que pusieran entre comillas “De nuestro reportero”, aunque mi letra no lo hacían figurar en letras de molde. Después de todo en ese tiempo yo no era reportero, ni periodista, ni siquiera “hijo de periodista”; era simplemente operario gráfico.

Sin embargo, el taller de imprenta donde se editaba el diario pertenecía a la serie del “tiempo de ñangué” y era necesario saber determinados “secretos” para hacerlo funcionar. El taller estaba conformado por una máquina plana (impresora), dos linotipos y cuatro chibaletes cargados de tipos viejos.

En consecuencia, no recuerdo exactamente la fecha, pero fue un día de 1940, en que se detuvieron dos vehículos cargados de policías en la misma puerta del taller y de inmediato impartieron la orden: “nadie se mueva, están todos detenidos”.

¡Sorprendente!¿verdad? Era más o menos las diez de la mañana. El taller y las oficinas de redacción se encontraban en una casona del jirón San Martín, el director del periódico era el cc. José Aguilar, hombre de contextura delgada y de rostro melancólico que siempre vestía ropas de dril de color claro, alguna vez me dijo que procedía del pueblo donde yo nací, es decir que era mi paisano, de Santiago de Cao.

Entretanto, la policía ordenó a todos los presentes que subieran a los vehículos. Yo que había estado en plena limpieza de la máquina impresora y al advertir la amenaza policial, en menos que canta un gallo me oculté entre los rodillos, los cilindros de tinta y los chibaletes.

Consecuentemente, la policía clausuró los talleres del diario “Chan-Chan” porque en su acerba campaña contra la dictadura imperante lesionaba los intereses de la oligarquía. Con sumo sigilo salí por la puerta falsa del taller. La calle estaba en completo silencio, los vecinos al parecer no habían advertido lo que sucedido. Será porque en Trujillo se detesta el chisme y cada uno sigue su propio camino.

¡Fantástico! Qué tal audacia, burlé a la policía y me dirigí a casa llevando el último ejemplar del diario “Chan-Chan”, vocero oficial del Partido aprista en el sector norte.

Finalmente, aunque usted no lo crea, me quedé sin trabajo y con varios días impagos, no supe a quien reclamar, ni tampoco intenté hacerlo. Este fue mi primer contacto y experiencia con los compañeros apristas de mi tierra. En aquel entonces yo contaba con 19 años de edad.

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