CLAUSURA DEL DIARIO
“CHAN-CHAN”
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na breve historia fascinante!. La dictadura clausuró el diario
de “Chan-Chan”, en 1940. Es así que, luego de un par de años viviendo en Lima,
regresé a Trujillo y conseguí ocupación en el taller de imprenta donde se
editaba el diario “Chan-Chan”. Por varios meses todo marchó normalmente, aunque
el pago de planillas estaba supeditado a la cobranza del avisaje y a la venta
de ejemplares del diario, que era de apenas cuatro páginas y la mayoría de las
veces se imprimía en papel “cometa” de variados colores.
Es entonces que, eventualmente aportaba algún
dato con el sano propósito de informar lo que observaba en mi trajín diario, y
me agradaba que pusieran entre comillas “De nuestro reportero”, aunque
mi letra no lo hacían figurar en letras de molde. Después de todo en ese tiempo
yo no era reportero, ni periodista, ni siquiera “hijo de periodista”; era
simplemente operario gráfico.
Sin embargo, el taller de imprenta donde
se editaba el diario pertenecía a la serie del “tiempo de ñangué” y era
necesario saber determinados “secretos” para hacerlo funcionar. El taller
estaba conformado por una máquina plana (impresora), dos linotipos y cuatro
chibaletes cargados de tipos viejos.
En consecuencia, no recuerdo exactamente
la fecha, pero fue un día de 1940, en que se detuvieron dos vehículos cargados
de policías en la misma puerta del taller y de inmediato impartieron la orden:
“nadie se mueva, están todos detenidos”.
¡Sorprendente!¿verdad? Era más o menos
las diez de la mañana. El taller y las oficinas de redacción se encontraban en
una casona del jirón San Martín, el director del periódico era el cc. José
Aguilar, hombre de contextura delgada y de rostro melancólico que siempre
vestía ropas de dril de color claro, alguna vez me dijo que procedía del pueblo
donde yo nací, es decir que era mi paisano, de Santiago de Cao.
Entretanto, la policía ordenó a todos los
presentes que subieran a los vehículos. Yo que había estado en plena limpieza
de la máquina impresora y al advertir la amenaza policial, en menos que canta
un gallo me oculté entre los rodillos, los cilindros de tinta y los chibaletes.
Consecuentemente, la policía clausuró los
talleres del diario “Chan-Chan” porque en su acerba campaña contra la dictadura
imperante lesionaba los intereses de la oligarquía. Con sumo sigilo salí por la
puerta falsa del taller. La calle estaba en completo silencio, los vecinos al
parecer no habían advertido lo que sucedido. Será porque en Trujillo se detesta
el chisme y cada uno sigue su propio camino.
¡Fantástico! Qué tal audacia, burlé a la
policía y me dirigí a casa llevando el último ejemplar del diario “Chan-Chan”,
vocero oficial del Partido aprista en el sector norte.
Finalmente, aunque usted no lo crea, me quedé sin
trabajo y con varios días impagos, no supe a quien reclamar, ni tampoco intenté
hacerlo. Este fue mi primer contacto y experiencia con los compañeros apristas
de mi tierra. En aquel entonces yo contaba con 19 años de edad.
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