domingo, 29 de julio de 2018

IQUITOS Y EL ATLÁNTICO


      IQUITOS Y EL ATLÁNTICO

¡O
h, qué gratos recuerdos! Yo viví en la cúspide de la metrópoli del Atlántico de la biodiversidad del mundo ¡qué maravilla! Aquí está se llama Iquitos, a esta ciudad solamente se puede arribar por dos medios: aéreo y fluvial. Es una ciudad digna de sacarse el sombrero. Tuvo su nacimiento en la mente del insigne Ramón Castilla, como metrópoli del Atlántico.

Sin duda, en esa ciudad, a pesar de que impera un fuerte acento europeo a la par de un inconfundible sabor a Selva, hay un apego inconmensurable  a todo lo que significa peruanidad. Bien vale la pena visitar Iquitos. Dista casi 1000 kilómetros de Pucallpa y 1840 de Lima. Su altitud sobre el nivel del mar es de 109 metros. Es capital del departamento de Loreto y de la Provincia de Maynas. No tiene fecha de fundación, sino de creación.

No cabe duda que su ambiente es mágico, yo llegué para pernoctar en la selva solo una corta temporada y me quede varios años. Algunos años de mi vida han sido muy adversos, allí contraje matrimonio y luego de algunos años felices, viví un desenlace inesperado.

Por lo que, las palabras del magno educador argentino Domingo Faustino Sarmiento, en su portentosa obra “Recuerdos de Provincias”, vienen al caso:

Cásate y tendrás mujer;
Si es bonita, que celar,
Si es fea, que aborrecer,
Si es rica, que obedecer,
Si es pobre, que mantener;
Cásate y tendrás mujer.

Lo que es más, confieso que dicho matrimonio obstruyó muchos de mis juveniles ideales, que hasta entonces me animaba a visitar el mundo. Claro me dio la felicidad de los hijos. Eso significa bastante para mí: seis mujeres y un varón. Carmen Mariana, Luisa Aurora, Blanca Esperanza, Ana Gloria, Raquel Amparo, Martha Rosa y Ricardo Pablo. Pero volviendo al tema, diré que en Iquitos todos hablan con suma franqueza y la amistad la brindan incondicionalmente. No es raro encontrar “dejos” distintivos en su expresión, o sea el habla del Brasil, Colombia y de Loreto mismo. Al comienzo le repulsa al criollo, como conceptuándose superior a los nativos, pero luego sin quererlo se involucra en ese ambiente, en ese mundo de selva verde y dorada civilización; sintiéndose un loretano más. Lo que distingue al loretano, no solo es su típica manera de hablar, si no la forma variada de preparar sus comidas y la simplicidad en su manera de vestir.

Precisamente, así como iban las cosas muy detenidamente confeccione mi agenda en cierto año del señor, con el propósito de retirarme de esos lugares y señalar otros horizontes a mis hijos. Fue en ese trajín viajero que me establecí en Pucallpa por varios años más. Entonces me distraía el periodismo y edité la “Guía Centenaria de Loreto”. En esta edición conté con la asidua colaboración del veterano periodista Alfonso Navarro Cauper, que en paz descansa y a quien reconozco como un sincero amigo. Para la financiación de dicha obra, aportó el capital requerido el ecónomo loretano Artemio Saavedra, a quien se le retribuyó mediante acertada inclusión de avisaje comercial.


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