domingo, 29 de julio de 2018

REVOLUCIÓN SIN CARTUCHOS


REVOLUCIÓN SIN CARTUCHOS

E
l hombre está sujeto a futilidad y frustración, es por eso que le acaece la fatalidad del suceso imprevisto, en otras palabras, no es el destino sino la casualidad de haberme encontrado por consecutivas veces en lugares donde insurgían revoluciones y disturbios de carácter bélico. Esto acicateaba mi temperamento y con intuición de informante acudía de inmediato a espectar su desarrollo saliendo siempre ileso, a Dios gracias.

Corría el tiempo, era el 16 de Febrero de 1956, el Comandante General de la División de Selva, Marcial Merino Pereira, encabezó un movimiento revolucionario con anuencia unánime del Cuerpo de Ejercito, más no así del Contralmirante de la Flotilla Fluvial del Amazonas, Eloy Burga Tejada.

Obviamente, el dirigente revolucionario dejó dicho en su manifiesto su disconformidad con la política regionalista del entonces Presidente de la Republica, General Manuel Apolinario Odría, quien pretendía usar las Fuerzas Armadas para asegurar la continuidad del régimen.

Prontamente, se realizó el levantamiento en el cual se quemó un cartucho en el centro de la Plaza de Armas de la ciudad capital de Loreto (y nada más), permitió que las actividades continuaran con toda normalidad. Es decir: la sangre no llegó al río. En los partes de guerra no se dio cuenta de ninguna baja.

Es así que, inmediatamente las fuerzas represivas del gobierno del General Odría descargaron todo su peso para aplastar la inesperada insurrección, acumulando gran cantidad de armamento, municiones y contingentes en el puerto de Pucallpa, con el propósito de llegar hasta Iquitos por el río Ucayali, mediante la flotilla fluvial.

Lamentablemente, luego de nueve días de “adueñarse” de la ciudad, habiéndose emitido monedas especiales y tomado una serie de modificatorias a favor de la colectividad loretana, el Jefe insurgente, mediante un nuevo Manifiesto explicó a la ciudadanía, que por no haber sido secundado por la Flotilla Fluvial, deponía su actitud de rebeldía, para evitar sacrificios cruentos del pueblo loretano.

Por consiguiente, esta clase de revoluciones e insurgencias, siempre traen consigo serios males y también algunos beneficios. El pueblo de Iquitos demostró su amplio apoyo y simpatía al movimiento del General Merino Pereira y en testimonio de ello le fue obsequiado un chalet, con el fin que perdure su estadía en Loreto. El referido chalet se encuentra en la segunda cuadra de la calle Morona.
  
Por lo tanto, en la generación de la década del 50, recuerda con puntos y comas este acontecer imbuido de coraje y patriotismo. A partir de entonces el gobierno reforzó drásticamente la Quinta Región Militar, renovando los cuadros estratégicos.

Precisamente, la fatalidad le acaeció a los militares que lo acompañaron fueron juzgados por un tribunal militar y fueron recluidos en la Colonia Penal El Sepa. No muchos meses después, la amnistía los salvó.
“La guerra solo se puede ganar mediante una bien planificada ofensiva; Nunca con una estrategia defensiva.”

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