REVOLUCIÓN
SIN CARTUCHOS
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l hombre está sujeto a futilidad y frustración, es por eso que
le acaece la fatalidad del suceso imprevisto, en otras palabras, no es el
destino sino la casualidad de haberme encontrado por consecutivas veces en
lugares donde insurgían revoluciones y disturbios de carácter bélico. Esto
acicateaba mi temperamento y con intuición de informante acudía de inmediato a
espectar su desarrollo saliendo siempre ileso, a Dios gracias.
Corría el tiempo, era el 16
de Febrero de 1956, el Comandante General de la División de Selva,
Marcial Merino Pereira, encabezó un movimiento revolucionario con anuencia
unánime del Cuerpo de Ejercito, más no así del Contralmirante de la Flotilla Fluvial
del Amazonas, Eloy Burga Tejada.
Obviamente, el dirigente
revolucionario dejó dicho en su manifiesto su disconformidad con la política
regionalista del entonces Presidente de la
Republica , General Manuel Apolinario Odría, quien pretendía
usar las Fuerzas Armadas para asegurar la continuidad del régimen.
Prontamente, se realizó el
levantamiento en el cual se quemó un cartucho en el centro de la Plaza de Armas de la ciudad
capital de Loreto (y nada más), permitió que las actividades continuaran con
toda normalidad. Es decir: la sangre no llegó al río. En los partes de guerra
no se dio cuenta de ninguna baja.
Es así que, inmediatamente
las fuerzas represivas del gobierno del General Odría descargaron todo su peso
para aplastar la inesperada insurrección, acumulando gran cantidad de
armamento, municiones y contingentes en el puerto de Pucallpa, con el propósito
de llegar hasta Iquitos por el río Ucayali, mediante la flotilla fluvial.
Lamentablemente, luego de
nueve días de “adueñarse” de la ciudad, habiéndose emitido monedas especiales y
tomado una serie de modificatorias a favor de la colectividad loretana, el Jefe
insurgente, mediante un nuevo Manifiesto explicó a la ciudadanía, que por no
haber sido secundado por la
Flotilla Fluvial , deponía su actitud de rebeldía, para evitar
sacrificios cruentos del pueblo loretano.
Por consiguiente, esta clase
de revoluciones e insurgencias, siempre traen consigo serios males y también
algunos beneficios. El pueblo de Iquitos demostró su amplio apoyo y simpatía al
movimiento del General Merino Pereira y en testimonio de ello le fue obsequiado
un chalet, con el fin que perdure su estadía en Loreto. El referido chalet se
encuentra en la segunda cuadra de la calle Morona.
Por lo tanto, en la
generación de la década del 50, recuerda con puntos y comas este acontecer
imbuido de coraje y patriotismo. A partir de entonces el gobierno reforzó
drásticamente la Quinta
Región Militar, renovando los cuadros estratégicos.
Precisamente, la fatalidad
le acaeció a los militares que lo acompañaron fueron juzgados por un tribunal
militar y fueron recluidos en la Colonia Penal El Sepa. No muchos meses después,
la amnistía los salvó.
“La guerra solo se puede
ganar mediante una bien planificada ofensiva; Nunca con una estrategia
defensiva.”
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